Diario de Viaje: Venecia


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Como fui comentando en el post anterior (Zagreb), el viaje siguiente en tren prometía aventura indianajonesística (?) y en ese sentido no defraudó, así que vamos directo a la acción.

La cosa iba a ser ahí:
1) Tren Zagreb - Villach (Austria) de 10 p.m. a 1 a.m.
2) Espera de 1 a.m. a 4.30 a.m. en Villach.
3) Tren Villach - Venecia de 4.30 a.m. a 8 a.m.

A priori nada que cualquier tipo rudo como nosotros no pudiera bancarse, el tema es que por distintas cuestiones que ahora contaré todo tomó un tinte bizarro y surrealista.


En el tren a Villach teníamos asientos en uno de los compartimentos de 6 personas ya tantas veces mencionados en este blog. Nuestra idea era aprovechar el lugar para ver algún capítulo de Game of Thrones en la notebook de Clau, pero nos cagó una pareja que se sentó con nosotros. Eran unos croatasalemanes (?) que estaban camino a Munich. Cruzamos un par de palabras y cuando les dijimos que eramos de Argentina al tipo se le iluminó el rostro (?). Nos empezó a contar que un abuelo de él en la época de la Segunda Guerra Mundial se fue para Argentina y se perdió el rastro, así que nos preguntó si tal vez le podíamos dar una mano para ver si se podía ubicar o por lo menos obtener alguna información al respecto de él y sus descendientes, si es que hubo. Nosotros, como buenos samaritanos que somos (?), nos copamos sin drama. Como muestra de agradecimiento el tipo nos ofrece 20 euros, que no aceptamos. El chabón insistía infructuosamente (?) y como estaba empecinado en darnos algo, saca de una mochila una especie de longaniza envuelta en una bolsa transparente. Nos explica que es algo que hace su madre y que le gustaría que lo tuviéramos, acto seguido haciendo entrega de la misma. En eso, la pareja intercambia unas palabras en croata y se levantan y se van, explicando que habían pedido si los podían cambiar a un compartimento con cama así podían dormir, así que quedamos solos.

Nos quedamos inspeccionando la longaniza, con el estómago contento (?) hasta que Clau tiró una idea que nos resultó imposible eludir: ¿y si el tipo descartó? Ok, dígannos paranoicos, lo que quieran, pero pónganse en nuestro lugar. Estábamos en la otra punta del mundo, en un tren sin escapatoria (?) y si pasaba algo antes que a la parejita feliz iban a culpar a los tres pibes argentinos, ¿o me equivoco? Porque, si era posta, nos íbamos a comer el garrón de nuestras vidas. Así que, ante la duda, optamos por dejar la longaniza en algún lugar que no se note y olvidarnos del asunto.

Al rato llegamos al cruce de frontera con Eslovenia y viene el control de pasaporte. Entraron unos tipos uniformados y armados, con caras de malos y que un poco más nos revisan hasta el culo. O sea, ¿cuál es la idea de hacerte algo así? Te agarran el pasaporte, lo observan, lo dan vueltas, se lo pasan entre ellos, te miran, miran el compartimento, las mochilas, abajo de los asientos, todo para ponerte nervioso. Posta, ¿con qué necesidad? Muy mal. Así que, si estás leyendo esto, eslovaco del control de pasaporte, ¡sabelo sos un hijo de mil puta!

Luego de una hora más o menos viene uno del tren y dice que aquellos que van a Villach se tienen que bajar ahí que los iba a llevar un micro hasta la estación. ¡Así de la nada! Y a los dos minutos ya estábamos parados en una avenida por donde no transitaba ni un fantasma junto a 10 incautos como nosotros y el micro. Si mal no recuerdo estábamos en Jesenice, Eslovenia. Pero podía ser el mismísimo infierno que no iba a haber diferencia alguna. A todo esto el shofer (?) era idéntico al Capitán Schettino.

La cosa es que estábamos en Eslovenia y teníamos que ir a Austria, pero como eran pasadas las 12 de la noche y la civilización duerme, Schettino iba a poder pisar a fondo. En todo el trayecto no nos cruzamos ni con un puto auto. Casi a la 1 de la mañana el micro frena en Villach Hauptbahnhof, la estación principal. O según nos pareció a nosotros: un shopping. Estaba buenísima. Yo, en un acto de paranoia total, tomé nuestro itinerario y percaté que el tren a Venecia no salía de esa sino de Westbahnhof. Nuestro Schettino, al igual que su par italiano, estaba haciendo cagadas, así que fui y le dije. El tipo como que no le gustó un carajo el reclamo (que fue totalmente válido) y nos ofreció de mala gana llevarnos a la otra, así que para allí fuimos.

A diferencia de la otra, Westbahnhof era una garcha. Sin iluminación y totalmente cerrada. Schettino se mandó a mudar, no sin antes bajar las mochilas, recibidas por Clau con un "¡Gracias, guachín!" inesperado que me hizo cagar de risa durante un rato largo.

Y allí quedamos nosotros tres más dos chicas amigas y una pareja. Y la nada misma alrededor. Como ya dije, la estación estaba cerrada y no había ni una puta luz. Así que decidimos entre los siete bordear la estación a ver si encontrábamos alguna manera de entrar. A unos 20 metros de la entrada había un pequeño pasaje que nos llevaba al mismísimo andén. La imagen era desoladora. A lo lejos había un tren de carga seguramente esperando para ser sacrificado tras años de miserias y de ser acosado violentamente por los espíritus y fantasmas en pena que rondan por el lugar.

Villach Westbahnhof

A unos 40 metros más o menos de ahí veíamos que salía una luz, así que hacia allí nos dirigimos. Total, ¿qué podía ser peor? Si seguramente ya estábamos muertos y simplemente estábamos recorriendo alguna especie de purgatorio. Un cartel indicaba que era una sala de espera que funcionaba desde las 0 hasta las 6.

Apenas abrimos la puerta fuimos golpeados por un olor a pata insoportable. Pero mal, eh. Y el piso era un asco, todo sucio, con rastros y huellas de calzados que han pasado por allí vaya uno a saber hace cuanto.  Había una persona, un croata parecido a Jim Caviezel que estaba escuchando música con su celular (sin auriculares). Inmediatamente las dos amigas se sientan y se ponen a dormir, mientras que la parejita se sienta al lado del croata. Al ver que no había más lugar dejamos las mochilas en una parte del piso que vimos que no estaba tan mugroso y nos quedamos parados o apoyados contra las paredes a esperar, mientras el croata loco le hablaba y hablaba a la parejita - que solo atinaba a asentir con la cabeza - vaya uno a saber de qué carajo (después nos enteraríamos).



A veces, producto en parte del aburrimiento y en parte por las nauseas generadas por el olor, salíamos al anden a caminar un poco. Yo en una salgo para buscar algún huequillo para hacer pichín, ya que por supuesto por ahí no había baño. Fui por el anden hasta donde estaba el pasaje por donde entramos. Hacía un frío que congelaba las entrañas, y el silencio y la quietud eran absolutos. Típico momento previo a un asesinato.

En fin, en todo el transcurso de la espera sólo pasaron dos trenes de carga que ni frenaron en la estación. Y ya cuando se hizo la hora junto a nuestros compañeros (?) salimos al anden y vimos nuestro tren. Nosotros nos sentamos en uno de los compartimentos de 6 junto a la parejita, que resultaron ser dos croatas re copados que iban a Venecia para agarrar un avión con destino final Irlanda. Nos pusimos a charlar de la vida y contar cosas de cada país, y nos contaron que el croata loco les hablaba de cualquier verdura, desde zapatillas hasta chocolates (!). Finalmente después de un rato charlando y riendo y a pesar del hermosísimo paisaje que teníamos alrededor nuestro, me quedé dormido.

Me desperté cuando ya estábamos llegando, debían faltar unos 15 minutos más o menos para llegar pero ya veíamos como venía la mano: sol y mar. Por  todos lados. Es impresionante. Así que hay que dejar en claro algo: Venecia es hermosa. Pero eso sí, es un mega despelote. Pero primero a lo primero.

Salimos de la estación Santa Lucia y con nuestras mochilas a cuestas nos dirigimos a cruzar toda Venecia, ya que nuestro hostel estaba ubicado al otro lado y cruzando el mar, en la isla La Giudecca. Había que meterle. Aprovechamos como pudimos para ir sacando algunas fotos.




Para cruzar de una isla a la otra hay que tomar un barquito que sirve de bondi acuático (?). Como teníamos que ir y venir sacamos el pasaje de 24 horas, por la módica suma (?) de 18 euros. Un dolor de huevos total, pero teníamos que sacarlo y la verdad viajar en esos barquitos está buenísimo.

La "parada" del bondi

Como todavía era temprano y faltaba por lo menos un par de horas para tener nuestra cama, fuimos al hostel a dejar las mochilas y desayunar algo y luego salimos a recorrer un poco La Giudecca.



La principal diferencia entre esta isla y Venecia es que La Giudecca es mil veces más tranquila, je, uno puede ir caminando tranca, disfrutando la vista y el hermoso paisaje que tiene enfrente, sin tanto hincha bolas dando vueltas.





Después de dar casi toda una vuelta por La Giudecca fuimos a un supermercado y compramos fiambre para hacer unos sanguchitos, que terminamos comiendo sentados en la escalera de la iglesia de Il Redentore. Herejía pura (?). A todo esto, en lo único que pensaba yo era en el Tomb Raider II (?).

Tras clavarnos los chegusanes, volvimos al hostel ahora sí a buscar nuestras camas y darnos una merecida siesta. Nuestra habitación era de 16 personas, con literas tipo cuartel militar. Igual eso de 16 personas no es tan cierto ya que las paredes de las habitación no llegan hasta al techo y dejan como 5 metros abierto, haciendo que escuches lo que pasa en las OTRAS habitaciones, así que, digamos que básicamente teníamos habitación de 150 (?).

Dormimos unas dos horas y emprendimos el viaje para la isla principal. El bondi nos dejó en la Riva degli Schiavoni, que está lleno de puestas donde venden todo tipo de cosas de Venecia: gorritos, bufandas, remeras, máscaras, etc.




Fuimos caminando por ahí y llegamos a la Plaza San Marcos, el lugar top (?).




Nos cruzamos a los gondoleros que mientras llevan a la gente le ponen onda cantando (bien).



Seguimos caminando y llegamos a la mitad de Venecia, cerca del Puente de Rialto. Es un lugar hermoso.

Parece el Tigre (?)

De ahí en más empezamos a mandarnos por las callecitas, sin un rumbo fijo, simplemente disfrutando del lugar. Re da para perderse por estos pasajes.





Luego de varias horas recorriendo, hacemos el retorno a La Giudecca, y nos encontramos con un hermoso atardecer.




Como estaba muy tranquilo ahí en nuestra Giudecca, salimos a buscar para cenar algo y nos metimos en un pequeño restaurante atendido por unos chinos que la verdad comimos bastante rico. Yo me pedí unos fideos a la carbonara. Muy buenos. Si algún día van a, ya saben: mencionen mi nombre (?).

Ya en el hostel queríamos bañarnos pero el alquiler de toalla rondaba los 5 euros así que con Clau dijimos ¡vaffanculo! y no nos bañamos una mierda (fue el único día en todo el viaje que no nos duchamos). Pero Ale es un tipo que no se puede controlar (?) y es capaz de romper las leyes con tal de cumplir con su cometido, como él cuenta con sus propias palabras en el siguiente relato, extraído del blog Dejando Huellas en el Mundo, escrito por Clau (que me imagino ya están leyendo, sino, vayan a hacerlo ahora mismo):

"Hay que contar un poco de la semi cárcel que era el hostel. Un edificio de pisos altos divididos en pabellones donde se podían encontrar posters de "Yuyito" González y facas en construcción (?).

Los baños eran lugares de reuniones multitudinarias porque resultaron que eran mixtos. A eso hay que sumar que habían varios desperfectos como puertas que se trababan. En ese contexto se da la anécdota de mi necesidad de bañarme a altas horas de la noche. Como el alquiler de toallas rondaban los 5 euros, lo más lógico que se me cruzó por la cabeza es bañarme usando una sábana de la cama (era tan grande como la bandera de la Guardia Imperial). Con terrible volumen de tela me dirigí a las duchas esperando no encontrarme a nadie para que no me señalaran llamándome sudaca rata u otros improperios.

En pleno placer de la ducha escucho a alguien forcejeando con la puerta de unos de los baños... ahí se me cruzó un "Uuuu...la puta madre...espero que pueda salir". Acto seguido, la víctima de la puerta se pone a gritar pidiendo auxilio ("Someone help me, please!!!"), siendo yo el único capaz de escuchar la súplica. Ahí no tuve alternativa...tenía que ayudar a esa persona. Lo que si tuve que decidir era si salir de la ducha poniéndome la bandera de la guardia imperial a lo Julio César y exponer mi pobreza indignado o salir en bolas y exponer mi esbelto cuerpo. Decidí salir en bolas. Abro la puerta de la ducha. Pongo una pierna afuera y para mi sorpresa veo un cuerpo en caída libre con un leve grito de dolor al caer medio mal... es así que ese ser rubio se para, me mira, me agradece y se va corriendo. Ese ser volador era la víctima de la puerta cerrada que en su desesperación escaló por la abertura del baño y decidió tirarse desde más de dos metros de altura por una abertura que tenía la cabina del baño. Dios quiera que no se haya lesionado y que no le quedé un mal recuerdo de haberme visto en bolas."

Del otro lado de la habitación se escuchaba a un mexicano haciéndose el banana con unas chicas uruguayas, y en un momento empezaron a hablar de Argentina. Nosotros inmediatamente paramos nuestras orejas (?), pero por suerte no dijeron nada malo, sino al otro día aparecíamos en Crónica (?). Ya era tarde, así que... ¡A dormir!

Yo soy una persona que a la noche necesita ir al baño aunque sea una vez. Siempre me suelo despertar 4 o 5 de la mañana con el tanque lleno a punto de explotar. Y esta no fue la excepción, así que a mitad de la noche me desperté con ganas de ir al baño y salté de la cama con los reflejos de un ninja para no molestar al de abajo. Me acerco a la puerta, una grande de metal. Agarro la manija. Tiro, nada. Empujo, nada. La puerta no se abría ¿Qué carajo? Producto del sueño empecé con la paranoia: ¿Y si nos dejan encerrados? No me extrañaría de un hostel que te cobra 5 euros una toalla. Así que, recaliente y con la vejiga al borde del colapso (?) me subí de nuevo a la cama - nuevamente con reflejos ninja - y me puse a tratar de dormir a través de la meditación (?): "No tengo ganas, no tengo ganas, no tengo ganas". Obviamente, ese mantra tuvo el efecto contrario: ahora tenía más ganas. Así que me levanté de nuevo y fui a la puerta, que seguía sin abrir. Yo estaba desesperado, hasta pensé en trepar (!). Pero justo cuando estaba a punto de mandarme una macana, escucho un "¡ssshhht!" proveniente de una cama adyacente, de la que se asoma una persona que con expresión divertida me hhace con el brazo una seña explicándome que la puerta se deslizaba. Agarro y deslizo. La puerta hija de mil puta del orto se abrió con una suavidad y un silencio imposible. Con el orgullo roto pero la cabeza alta, fui al baño, hice lo mío y volví a dormir. Venecianos putos.

Nos despertamos temprano, tipo 7 (una mañana hermosa realmente) y nos fuimos con el barquito a la estación de trenes que en un rato salía el nuestro para Roma. Pero eso en el próximo post.

4 comentarios:

  1. Weeeeena wacho (?) Yo viví algo parecido también (?)

    Me gusta leer tu diario, sobre todo porque hacés la tarea y ponés la info que a mí me da fiaca buscar xD
    Lo mío son las anécdotas y la exageranción koontziana (?)
    En estos días subo Roma. Quiero llegar a la parte que hice solo así no nos copiamos (?)

    ¡Abrazo!

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  2. Evidentemente voy a tener que empezar a leer el otro diario de viaje también para complementar la data!!!

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  3. Lo que sacó en claro de todo esto son "unas pare'" de cosas sobre Venecia; a saber:
    a) la bombonera podría estar tranquilamente ahí dado los aromas...

    b) el fantasma de la B que acosó a river y ahora al rojo tb se toma vacaciones

    y c) que en Venecia las puertas se deslizan.

    Tendré en cuenta esta información para cuando realice un viaje a esa región.

    Quizás no me recuerde Mr. Webbalergy pero yo a Ud. si...le deseo lo mejor y le mando un abrazo de goal.

    Atte. Gastoun Fashini.

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    1. ¡Gastoun Fashini! ¡No te la puedo creer! Jajaja, ¿cómo andás maestro? Gracias por el comentario :D

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