Diario de Viaje: Santorini


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Bueno, para ir a Santorini primero pasamos por Atenas. Paso a explicar. Nos despertamos en Roma y fuimos bien temprano a la estación Termini, desde donde salía un bus que nos iba a llevar hasta el aeropuerto Fiumicino, cuyo nombre completo es Fiumicino - Leonardo da Vinci (¡Espectacular!).

En el bus justo nos sentamos al lado de una señora argentina que iba con su hija así que fuimos charlando durante el viaje (que duró como media hora menos de lo que decía en el itinerario... a las chapas mal). En el aeropuerto mismo fuimos juntos a despachar los bolsos y cuando pasamos nuestras enormes mochilas de mochilero, la vieja nos dice "ah, esas mochilas por tener tantas tiras son muy factibles que se enganchen y se pierdan". ¿Por qué nos decís eso? ¿Eh? ¿Con qué necesidad? ¡Ahora todo el viaje con los huevos en la garganta por tu culpa, vieja chota!

Bueno, después de ir de una puerta a la otra, por fin nos subimos al avión de Easyjet. El viaje duró poco, unas dos horas, y al llegar a Atenas había que adelantar el reloj 1 hora. Al igual que en Serbia, acá en Grecia utilizan mucho otro alfabeto pero por suerte todo tiene su traducción abajo para los desprevenidos como nosotros.

Desde el aeropuerto nos tomamos un colectivo que nos iba a llevar hasta cerca del puerto, a unas cuadras del hostel donde íbamos a pasar esa noche antes de partir hacia Santorini. El bondi tardó dos horas y fue realmente insoportable, por el cansancio, las mochilas (que a esta altura ya rompían soberanamente las pelotas) y el hecho de que ni nos habíamos llevado una mísera botella de agua, así que nos sentíamos como Moisés en el desierto (?). Yo estaba fastidioso porque no me sentía bien (ya se viene más del tema en los próximos párrafos). Lo bueno es que el paisaje que teníamos frente a nuestros ojos, con el mar, era realmente hermoso. Además tocó un día lindo, despejado y con sol.

Apenas bajamos del bondi atacamos un kiosko para cargar combustible y de ahí fuimos al hostel, que estaba a unas cuadras. Este día en Atenas era más que nada de tránsito (?), porque luego de estar en Santorini volvíamos a la capital griega a pasar un día entero para recorrer, así que éste nos dedicamos a descansar un poco de todo el trajín, ya que veníamos sin parar. Desde el hostel directamente podíamos sacar los tickets de ferry a Santorini aunque tuvimos un problema con los horarios así que tuvimos que sacar una noche en la isla para viajar y no perder el día en Atenas.

A todo esto, los e-mails del hostel los firmaba una persona simplemente como Poppy. Ahora, si te dicen que hay un griego que se llama Poppy, sólo hay una manera de imaginarlo: gordo, pelado, bigotudo y con cara de copado.

Poppy, claramente.

Grande fue mi sorpresa al llamar (para cancelar la noche de más) y que la persona que me atendió y se presentó como Poppy fuera una señora simpática de voz estruendosa y acento divertido. Una decepción (?).

En fin, como dije este día lo usamos para descansar. Fuimos por ahí cerca a comprar unos sanguches y frutas y nos quedamos en el hostel. Después de comer una pizza en el restaurante del hostel, nos fuimos a dormir temprano porque el ferry salía a las 7 am... ¡Dolor!

Así que al otro día 6.30 am ya estábamos en el puerto. Por suerte el tipo del hostel nos llevó en camioneta, sino todavía estábamos dando vueltas por ahí (?). El amanecer era hermoso y el ferry inmenso. Mucha categoría para tres ratas como nosotros (?).

Nuestro ferry.

El ferry estaba de la hostia. Enorme y limpio. La vista, obviamente, era impecable. De hecho al ir al baño había ventanales desde el piso al techo así que te podías echar un cloro mirando el amplio mar.

El viaje duraba 8 horas y realmente no se hicieron densas. Había algunos locales de comida y hasta fichines, y uno podía salir caminando por ahí, tanto adentro como afuera. Ni se notaba que se movía.


Luego de parar en otras dos islas, llegamos a Santorini a las 3 de la tarde. El barco estacionó (?) y esperamos unos minutos viendo como se abría la compuerta de salida, que hacía todo tipo de sonidos y luces. Nos sentíamos los Beatles (?)


En el puerto nos iba a estar esperando Poppy, que nos pasaba a buscar para llevarnos al hostel que estaba bastante lejos de ahí. Poppy resultó ser una genia total, con toda la onda y una excelente predisposición y trato.

El hostel en cuestión se llamaba Villa Manos y hacia allí nos llevó Poppy en su auto, por todo un camino en subida lleno de curvas. El paisaje impresionante. Al llegar hicimos todos los asuntos del check-in y en eso aparece Poppo (?), el marido de la susodicha. El tipo se nos acercó con cara de langa y un vaso de vino para cada uno... que no tuvimos otra opción más que rechazar (no tomamos alcohol, y a mi de hecho no me gusta para nada el vino). La cara de decepción y tristeza del chabón fue la misma que la de un cachorrito de golden retriever abandonado en la ruta bajo la lluvia torrencial. Bueno, más o menos.

La cosa es que el hostel la rompía y encima era extremadamente barato (para lo que era). Teníamos habitación privada con baño, heladerita y balcón. Además Villa Manos contaba con un muy lindo patio con pileta. Después de dejar las mochilas en la habitación salimos un rato largo a disfrutar del sol y descansar un poco las piernas.



Juan Román Dominguez (?).

A todo esto, yo me sentía un poco peor y me dolía bastante el lado derecho de la cara. Pero eso no me impidió relajarme y disfrutar del hermoso día. Otras fotos:




Picaba el bagre así que fuimos por ahí caminando a ver si conseguíamos algo para merendar. Se camina literalmente por la calle, excepto en los tramos donde hay negocios, y más de una vez tuvimos que apurarnos y corrernos porque venía algún camión, que te pasaba cerquita cerquita.



Después de encontrar una panaderíapopolus (?) volvimos al hostel a comer y allí nos quedamos en el balcón, relajando. Desde el balcón de al lado escuchábamos conversación en español. Hay que aclarar que después de tantos días hablando en inglés y leyendo carteles en todo tipo de idiomas uno siente la necesidad urgente de encontrarse con alguien con quien se comparta la lengua madre, más en un lugar tan recóndito. Así que saludamos y nos encontramos con dos chicas colombianas muy copadas que estaban en ese momento viviendo en París y se habían tomado unas vacaciones. Así que estuvimos un rato largo charlando con nuestras compatriotas de continente (?) acerca de la vida y compartiendo anécdotas y cosas de cada país. El dolor en mi costado de la cara era cada vez más fuerte por lo que decidí que si al otro día amanecía así  iba a ir al médico a ver que onda.

Y amanecí así, nomás. Así que me puse en campaña para hacerme atender. Poppy me dijo que el seguro que teníamos (los putos de Coris) no servía por no se que cosa, pero nos indicó donde se encontraba el hospital público que según dijo era bastante bueno. Hacía allí fuimos. Yo me sentía para el orto.

No se si se entiende lo que estaba pasando: me iba a hacer atender en un hospital en una isla en Grecia. Más desamparado no me podía sentir (?). Por suerte mis amigos me hicieron el aguante y me acompañaron en todo momento. Al llegar al hospital llenaron una planilla que tenía todo escrito en griego menos mi nombre, me cobraron 5 euros y me dijeron de esperar.

No es joda.

Al rato aparece un tal Renekoski Favaloropulos (?) que en perfecto inglés me dijo que me iba a atender. Le expliqué el motivo de mi visita y tras revisarme (y decirme que tengo linda dentadura)... ¡Me hizo sacar sangre! ¡Justo! En el paraíso y yo sacándome sangre. Pero bueno, había que hacerlo. Resultado final de la jodita: 39 grados de fiebre e infección en la muela.

Enfrente del hospital había una farmacia y ahí compré los remedios. Entre medio del mareo por la fiebre yo no entendí bien a la que atendía y pensé que me había dicho "eighty". Pagué con tarjeta a las puteadas: "¡80 euros unos remedios de mierda, griegos putos!". Días después vi el ticket de nuevo y en realidad eran 18 (eighteen).

No es joda parte 2.

Luego de comer algo liviano por recomendación del doc y a pesar de la fiebre y de sentirme para la mierda, fuimos a ver el famoso atardecer de Santorini. Que para eso habíamos ido, eh.

Fuimos caminando por una de las avenidas principales, unas 15 cuadras más o menos y pasando el hospital, hasta llegar a lo que se le decía el centro. Muchos locales y restaurantes copados. Nos fuimos metiendo por ahí buscando algún hueco donde poder quedarnos y presenciar el suceso.


Nos quedamos sobre la terraza de un camino bastante largo que bordeaba el lugar. Esta era la vista:





Después de contemplar la vista desde ahí un rato largo y recontra relajarnos (créanme, si no te relajás ahí es porque sos un robot), bajamos por unas escaleritas para acomodarnos en otro lugar. ¿Pero por qué en vez de hablar yo no dejo que hablen las fotos?






Hay que comentar que en algunos hoteles y restaurantes durante el atardecer ponen música de Vangelis o de Yanni, como para hacerlo aún más épico. Y bueno, así fue como terminamos el día en Santorini. Una vez que bajó el sol volvimos tranquilos al hostel, comimos algo y nos fuimos a descansar que al otro día salíamos  para Atenas. Pero eso se viene en la próxima entrada. Nos vemos.